Adorni, Villaverde, Espert, Frugoni, solos algunos de los nombres apuntados por declaraciones juradas de dudosa calidad a veces apenas mezcladas con el narco y el enriquecimiento ilícito
La promesa era dinamitar la casta. El resultado, al menos en varios expedientes, denuncias y revelaciones patrimoniales, parece haber sido inaugurar una nueva unidad de negocios: Inmobiliaria Milei S.A., una firma no registrada pero ampliamente comentada en la conversación pública, especializada en lotes dudosos, propiedades omitidas, declaraciones juradas demoradas y funcionarios con sorprendente talento para multiplicar metros cuadrados, lo que se dice un “negocio” redondo para unos pocos.
Mientras el discurso libertario repite que el Estado debe correrse, la realidad ofrece una paradoja: cada vez que aparece una investigación vinculada a bienes inmuebles, sociedades patrimoniales o inconsistencias declarativas, el Estado parece acercarse bastante… aunque no siempre para controlar, sino a veces para habilitar, otras para facilitar, en la mayoría de los casos para proteger, y en algunos pocos para desplegar una pantomima de control.
Lorena Villaverde: lotes, embargos e “inhabilidad moral”
Uno de los casos más resonantes es el de Lorena Villaverde, dirigente libertaria de Río Negro, vinculada a denuncias por la comercialización irregular de terrenos en el emprendimiento Tajamar, en Las Grutas.
Compradores denunciaron pagos efectuados por lotes que no llegaron con escritura, promesas de infraestructura incumplidas y operaciones que terminaron en la Justicia. El expediente derivó en embargos millonarios y una cadena de reclamos civiles que pusieron el foco en el negocio de la tierra, ese clásico argentino donde siempre alguien paga y otro desaparece.

El dato político no es menor: no pudo asumir como senadora por cuestionamientos vinculados a inhabilidad moral, figura que suele aparecer en los manuales institucionales pero rara vez se aplica con entusiasmo. En este caso, la combinación de denuncias y antecedentes volvió demasiado incómodo sostener lo insostenible.
Para una fuerza que prometía superioridad ética, estrenar banca con semejante equipaje resultaba un gesto demasiado explícito. Eso si, la frutilla del postre patagónico esta ya algo vencida. Villaverde arrastra desde hace años una causa por narcotráfico por la que tiene prohibido el ingreso a Estados Unidos, país en donde se la investigó por el intento de comprar un kilo de cocaína para comercialización.
Manuel Adorni: vocero, candidato y beneficiario del calendario
El caso de Manuel Adorni tiene otro formato: menos loteo, más ingeniería administrativa. Sus propiedades crecieron como hongo en la humedad desde que llegó al Estado. Incluso su escribana de confianza reconoció que en los 15 años anteriores el funcionario no había escriturado nada y “ahora le cayó todo junto”, no solo las propiedades, sino también los viajes en primera, los aviones privados y los hoteles de lujo para el y su familia, con una obsesión que se convirtió en marca registrada miles de dólares pagados en efectivo para no dejar huellas ni rastro.
El rol del Estado en esta caso también es diferente. El Gobierno extendió el plazo para la presentación de declaraciones juradas patrimoniales, una decisión técnicamente posible pero políticamente sugestiva cuando uno de los hombres más visibles de la gestión quedaba bajo la lupa. Adorni tiene ahora tiempo extra para justificar como hizo para ahorrar por lo menos medio millón de dólares trabajando como un ignoto columnista de programas de radio, sin grandes contactos ni informes o artículos que lo hicieran sobresalir en ningún área.

No ayudó tampoco el cierre de la sala de prensa de la Casa Rosada, símbolo menor pero eficaz de una época donde las preguntas molestan más que las sospechas. Menos periodistas acreditados, menos repreguntas, menos chances de consultar por departamentos, créditos, valuaciones o sociedades.
El vocero del ajuste terminó rodeado por una incómoda pregunta contable: si el mercado todo lo transparenta, ¿por qué cuesta tanto transparentar el patrimonio? Cómo Adorni no puede responder, el gobierno de Javier Milei decidió que ya no se pueden hacer preguntas.
Carlos Frugoni: propiedades en Estados Unidos y salida rápida
El ex funcionario de Economía, Carlos Frugoni, quedó envuelto en revelaciones sobre propiedades y sociedades en Estados Unidos que no habrían aparecido debidamente declaradas. Si, exactamente igual que Manuel Adorni, aunque esta vez el resultado fue muy diferente.
La secuencia fue conocida: publicación periodística, ruido político, explicaciones parciales y salida del cargo. La gestión que aseguraba venir a terminar con los privilegios debió explicar por qué uno de sus cuadros acumulaba activos en el exterior sin demasiada prolijidad documental.
La escuela libertaria enseña que el capital no tiene patria. El problema aparece cuando tampoco tiene declaración jurada, salvo que te llames Manuel Adorni.
Andrés Vázquez: El zorro en el gallinero
El titular de ARCA Andrés Vázquez, también está apuntado por inmuebles en Miami y estructuras societarias asociadas a esos bienes, que según la fiscalía que investiga la causa podrían ser la punta del ovillo de delitos de evasión, lavado de activos y enriquecimiento ilícito, solo para empezar el conteo.
Si, el titular de la Agencia de Recaudación, el hombre encargado de juntar los recursos del Estado, de aceitar el cobro de impuestos y disponer de los fondos que luego el gobierno podrá utilizar en, por ejemplo el pago de las deudas con el FMI o tasas estables para sostener la fuga de dólares, ese hombre está siendo investigado por evasión tributaria y lavado de activos. La imagen del zorro cuidando el gallinero se queda chica en la gestión libertaria.

José Luis Espert: resistir hasta el último minuto
En el universo libertario ampliado, José Luis Espert representa un caso singular. Distintos cuestionamientos patrimoniales lo acompañaron en etapas previas de su carrera pública y, cuando arreció el desgaste político, intentaron sostenerlo hasta el último momento. La gota que rebalsó el vaso fue la certeza de que todas esas irregularidades fueron financiadas por el narco.
Al diputado no le daba el blanco, pero con “la blanca” quizá el resultado era distinto. El gobierno intentó resistir, casi como lo haría cualquier partido político, pero no pudo. La diferencia es que el mileísmo construyó identidad justamente sobre la promesa de no parecerse a nadie. El Presidente desplegó el concepto de “Casta” y apuntó con el dedo a los políticos por sus “privilegios”. Hoy la casta no tiene miedo, tiene empleo, departamentos, viajes en primera, y turismo oficial por Estados Unidos e Israel.
Dato mata relato
Tal vez el dato más revelador no vino de la oposición sino de voces amigables con el Gobierno. Periodistas habitualmente cercanos al oficialismo, como Jonatan Viale o Luis Novaresio, admitieron públicamente una evidencia incómoda: si este mismo cuadro de propiedades dudosas, declaraciones demoradas y funcionarios bajo sospecha hubiera ocurrido en un gobierno peronista, la crítica mediática sería feroz e ininterrumpida.
Es decir, hasta quienes suelen ofrecer comprensión editorial reconocieron la existencia de una vara flexible. No es una novedad argentina, pero sí una confirmación útil: la indignación selectiva cotiza mejor que el metro cuadrado.
La narrativa libertaria prometía una revolución moral. Sin embargo, entre lotes cuestionados, inmuebles omitidos, embargos judiciales y declaraciones juradas postergadas, el mapa empieza a parecerse menos a una gesta republicana y más a una escribanía en hora pico.
Quizás el problema no sea ideológico sino inmobiliario. Cambiaron los slogans, cambiaron las formas, cambió el packaging, pero cada tanto reaparece el viejo sueño nacional: llegar al poder para mejorar el patrimonio. Después de todo, el mercado se regula solo. Salvo cuando hay que regular las escrituras.



