“Como el desayuno porteño”: Basura Fernando Iglesias, el diputado acusado de ser un “pebeteador” serial de menores

El diputado de Propuesta Republicana (PRO), Fernando Iglesias, un aparente amante de los niños.

En el circo interminable de la política argentina, donde los trapecistas caen más de lo que vuelan, un nuevo rumor ha intentado robarse el reflector. Esta vez, el blanco es el diputado de Propuesta Republicana (PRO), Fernando Iglesias, un habitué de las polémicas que parece coleccionar enemigos como si fueran figuritas del Mundial.

Según algunas publicaciones en X (esa selva digital antes conocida como Twitter), Iglesias habría sido denunciado por abuso de un menor. Pero, como buen guión de comedia barata, la historia se desinfla antes de empezar: no hay pruebas, no hay denuncia, no hay nada. Solo el eco de teclados furiosos y la imaginación desbocada de las redes.

El rumor, que circula con la precisión de un chisme de peluquería, menciona algo sobre un “profe de vóley” y apunta a Iglesias como el villano de turno. Sin embargo, al intentar rastrear la fuente (ya saben, ese ejercicio olvidado llamado “periodismo”) nos topamos con un desierto de evidencia. Ni un artículo, ni un expediente judicial, ni siquiera una nota en el boletín del barrio. Nada. Cero. Es como si alguien hubiera gritado “¡Gol!” en un partido sin pelota.

Claro, Iglesias no es precisamente un angelito. Este diputado, famoso por sus diatribas en el Congreso y su habilidad para hacer enojar hasta a una planta, tiene un talento innato para meterse en líos.

Pero acusarlo de algo tan grave como el abuso de un menor sin una mísera prueba es pasarse de la raya. Es como culparlo por el apagón del 99 solo porque estaba cerca de una lamparita. Crítico y todo, uno tiene que admitir que hasta los villanos de caricatura merecen un guion decente.

Las redes sociales, ese gran circo donde todos opinan y nadie chequea, han vuelto a hacer de las suyas. En X, la acusación contra Iglesias suena más a ajuste de cuentas que a denuncia seria. “Es un monstruo”, dicen algunos, mientras otros piden “justicia” sin saber ni qué están pidiendo.

Pero, vamos, si vamos a linchar a alguien con tweets, al menos que haya un PowerPoint con pruebas, ¿no? Esto no es un juicio, es un reality show sin presupuesto.

Así que aquí estamos, entre el humo de un rumor que no prende y la realidad que se ríe en nuestra cara. Fernando Iglesias seguirá siendo el mismo de siempre: un diputado que polariza, irrita y, de vez en cuando, hasta entretiene con sus salidas de tono.

Pero si lo van a acusar de algo, por favor, que sea con algo más sólido que un tuit perdido en el éter. Mientras tanto, queridos lectores, no se dejen llevar por el próximo escándalo viral. Porque en este país, entre la indignación y la verdad, siempre hay un abismo lleno de palomitas y muy poco sentido común.

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