Elián Valenzuela, conocido como L-Gante, vuelve a ser el centro de una polémica que expone no solo su imprudencia crónica, sino también las grietas de un sistema judicial permeable a influencias.
Esta vez, el cantante de cumbia 420 fue interceptado en un control de tránsito rutinario, manejando con una licencia inhabilitada hacía varios meses.
¿El motivo original? Infracciones graves como usar el celular al volante y omitir el cinturón de seguridad, capturadas en un video viral que Wanda Nara compartió inadvertidamente en Instagram en enero pasado.
La Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) solicitó formalmente la inhabilitación en febrero, exigiendo un examen psicofísico para verificar si Valenzuela es apto para circular por las calles.

L-Gante circulaba a bordo de su auto con una licencia que no tenía habilitación.
Sin embargo, el trapo sucio se destapó cuando agentes lo detuvieron: en lugar de aplicar la sanción, el juez de faltas Cristian Lucero lo habría dejado continuar circulando a raíz de las influencias del músico con la intendencia de Mauro García.

El músico se ríe mientras charla con los agentes.
Testigos describen una escena digna de película: L-Gante, charlando con los uniformados y saliendo impune mientras el resto de los mortales enfrenta multas y secuestros de vehículos.
El historial de L-Gante –denuncias por abuso, restricciones perimetrales y donaciones forzadas– solo agrava el cuadro.
Un artista que predica rebeldía en sus letras, pero que, al volante, pone en riesgo vidas ajenas.



