Tras el caso Adorni, se reveló que Luis Caputo también viajó con su pareja en el avión oficial. Crecen dudas sobre controles, autorizaciones y uso de fondos públicos.
El escándalo por el uso del avión presidencial sumó un nuevo detalle que golpea de lleno al corazón del desgobierno libertario. A la controversia que involucró a Manuel Adorni ahora se le agrega un dato que amplifica la gravedad: Luis “Toto” Caputo también viajó con su esposa en la aeronave oficial.
Lo que en un principio fue presentado como un hecho aislado empieza a tomar forma de práctica reiterada dentro del círculo más cercano al poder.

La utilización del avión presidencial para traslados que incluyen familiares directos abre interrogantes que el Ejecutivo evita responder.
El silencio de Caputo frente al caso Adorni, que en su momento llamó la atención, adquiere ahora otro sentido. La falta de explicaciones coincide con la revelación de que él mismo habría incurrido en una conducta similar, lo que debilita cualquier intento de encuadrar el episodio como una excepción.
La discusión ya no pasa por un posible error administrativo. El eje se trasladó a las responsabilidades políticas: quién habilita estos viajes, bajo qué normativa se justifican y qué tipo de control existe sobre el uso de recursos públicos.
Mientras tanto, los funcionarios cercanos al presidenmente Javier Milei sostienen un discurso de ajuste y austeridad dirigido a jubilados, trabajadores y provincias.
En paralelo, se acumulan indicios de un uso discrecional de bienes del Estado en beneficio del entorno más cercano al poder.



