Matías Garate, activo militante libertario, pidió ayuda para una prótesis millonaria y recibió críticas que cuestionan si corresponde ayudar a quien nunca es solidario con los demás.
El caso de Matías Garate pasó de ser un pedido urgente por conseguir una prótesis a convertirse en un debate tenso en redes sobre la solidaridad, la coherencia y los límites de la falta de empatía en época de polarización política con clima de “guerra civil”.
Garate, es un joven con síndrome de Moebius, que utiliza una prótesis en su pierna izquierda y necesita reemplazarla con urgencia tras una caída que le provocó una fisura de cadera. El costo asciende a $22.449.911. Ante la demora que podría implicar el trámite formal para la cobertura, decidió abrir una colecta y compartir su “alias” en redes sociales.
Sin embargo, el eje de la conversación no quedó centrado exclusivamente en la dimensión médica. Rápidamente emergió otra discusión mucho más irritante, como es determinar si corresponde o no ser solidario con alguien que, desde sus redes, mantiene un discurso político confrontativo permanente.
Te dedicaste a bardear a los que de corazón y por principios te habrían ayudado y defendes a los que te consideran menos que un felpudo. Es lógico que tu cuenta esté en cero, no solo en lo económico sino en lo moral. Así que haciendo eco de tus palabras y las de tus ídolos..…
— Ivy Cángaro (@Ivy_Cangaro) February 13, 2026
El archivo y la memoria digital
Garate es un activo militante en redes, suele mostrarse junto a Javier Milei y defiende posiciones duras contra el kirchnerismo, contra periodistas y también hacia sectores que reclaman mayor intervención del Estado. Ese historial fue recuperado por numerosos usuarios al momento de responder a su pedido.
Uno de los comentarios más replicados fue tremendo: “Te dedicaste a bardear a los que de corazón y por principios te habrían ayudado y defendes a los que te consideran menos que un felpudo. Es lógico que tu cuenta esté en cero, no solo en lo económico sino en lo moral. Así que haciendo eco de tus palabras y las de tus ídolos.. Andá a laburar que si no tenes bracitos es tu problema, no el nuestro.”
Otro en la misma línea expresó: “No podés querer vivir de la solidaridad de un pueblo cuando practicas el sadismo, ojalá cambies.”
También hubo ironías políticas directas: “Soy ‘kukita’ como decís vos. Seguro no querés mi dinero. Suerte en tu colecta.”
Y referencias sarcásticas a medidas económicas recientes: “Aprovecha que abrieron las importaciones y fíjate en Temu”.
¿Solidaridad sin condiciones?
La polémica muestra un costado de tensión más profunda: ¿la solidaridad debe ser un principio incondicional o puede verse afectada por el posicionamiento previo de quien la solicita?

Para algunos usuarios, la condición de persona con discapacidad debería estar por encima de cualquier diferencia ideológica. Para otros (en este caso la mayoría), el debate no es médico sino moral. Le cuestionan la falta de coherencia entre defender recortes y criticar la asistencia pública, pero luego “fingir demencia” para apelar a la ayuda colectiva cuando la necesidad es personal.
El caso profundiza la discusión sobre el rol del Estado en la cobertura de tratamientos y dispositivos de alto costo. Una prótesis de esta complejidad resulta inaccesible para la mayoría de los ingresos promedio, lo que convierte a las campañas de financiamiento en una herramienta cada vez más frecuente. Y la pregunta que deja flotando es: ¿está bien que sea así o el estado debe decir presente en estos casos?
Una grieta que atraviesa lo personal
Más allá del resultado de la colecta, el episodio está siendo disparador de un síntoma de clima político y filosófico actual. Las redes sociales operan como archivo permanente y cada declaración previa reaparece como argumento en contra. Todos tenemos una historia en el mundo virtual.
La pregunta que queda planteada es incómoda y trasciende a Garate: ¿la empatía se ejerce incluso hacia quien no la practicó antes o se convierte en un terreno condicionado por la memoria política?
En esa tensión se cruzan la necesidad concreta de una persona con discapacidad y el peso de sus propias palabras en el debate público.



