En un verdadero exabrupto político, “el periodista viajero” calificó duramente como “una desgracia” al gobernador bonaerense. La independencia del periodismo “salió del grupo”
Esta mañana en un intercambio durante el “pase” radial, Nelson Castro soltó una frase que condensa la profunda crisis de identidad del periodismo que se autodenomina “independiente” en Argentina.
Al referirse a la situación política actual, afirmó sin matices: “Buenos Aires tiene la desgracia de tenerlo a Kicillof como gobernador como consecuencia de esa división entre Carolina Píparo y Grindetti”.
Esta declaración es más que un simple análisis de datos; es una toma de posición ideológica que dinamita cualquier pretensión hipócrita de neutralidad.
El mito de la neutralidad periodística
Castro, al igual que muchos otros grandes comunicadores de la televisión y la radio, se autopercibe como un observador imparcial de la realidad.
Sin embargo, al calificar la gestión de un gobernador electo democráticamente como una “desgracia”, se sitúa automáticamente como un actor de reparto en la interna de la derecha argentina.
El problema de fondo no es que un periodista tenga una visión del mundo, sino que la presente como una verdad objetiva bajo un “manto de análisis político”.
Esta actitud revela que la mentada “independencia” funciona en realidad como un escudo de protección hacia una ideología política conservadora.
Al operar así, estos comunicadores no buscan informar, sino blindar un sistema económico y político específico, atacando sistemáticamente cualquier propuesta de corte popular. Para ellos, el riesgo no es la mala gestión, sino la falta de unidad en las fuerzas que representan sus propios intereses.
Operadores del pensamiento único
La preocupación de Castro por la división del voto liberal/conservador (señalando que los candidatos de la derecha sumados alcanzaban más del 50%) desnuda su función de estratega electoral.
En lugar de permitir que la ciudadanía procese la información y decida por sí misma, estos medios intentan “pensar por la gente”. Convierten a la audiencia en sujetos pensados, bajando una línea infranqueable: la derecha debe unirse para evitar lo que ellos consideran catástrofes políticas.
El trasfondo de esta diatriba es el temor a que la “desgracia” de la provincia se proyecte a nivel nacional en 2027.
De este modo, el periodismo (hace décadas) dejó de ser un servicio público para convertirse en una herramienta de disciplinamiento social.
Tras la fachada de la objetividad, lo que realmente late es un deseo de restauración conservadora que utiliza el micrófono para instalar miedos y prejuicios en lugar de promover un debate democrático genuino.



